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Islandia, un modelo para el mundo

Aunque Islandia es hoy un gran ejemplo de cómo la energía renovable puede abastecer a una economía moderna, no siempre ha sido así. Durante siglos, la utilización de los recursos geotérmicos estaba limitada a la higiene personal y el baño, mientras que la producción hidroeléctrica comenzó en el siglo XX con tan solo unos pocos megavatios (MW) de generación de energía eléctrica. De hecho, hasta comienzos de la década de 1970, el mayor porcentaje del consumo energético del país procedía de combustibles fósiles importados.

Pese a las buenas intenciones, no fue la importancia de las energías renovables para frenar el cambio climático lo que guió este desarrollo. La razón que impulsó esta transición era sencilla: Islandia no podía hacer frente a las fluctuaciones de los precios del petróleo derivadas de una serie de crisis que afectaban a los mercados energéticos mundiales.

El país necesitaba un recurso energético doméstico estable y viable desde el punto de vista económico, debido a su ubicación aislada en el borde del círculo polar ártico.

En un país con solo 320.000 habitantes, Landsvirkjun (la compañía estatal que produce el 75% de la energía total del país) vende el 17 por ciento de la electricidad a los hogares y la industria local. El resto va principalmente a las fundiciones de aluminio. La compañía islandesa promete ofrecer los precios más competitivos de Europa explotando su enorme potencial de energía geotérmica.

Con los cambios que han sucedido en el norte de África, principal suministrador de hidrocarburos a Europa, y la nueva política europea de fuentes renovables, la iniciativa ya se está viendo con muy buenos ojos.

Hay escépticos que creen que el precio de la energía podría subir en Europa, y los defensores del medioambiente en Islandia se oponen a más prospecciones geotérmicas para aumentar la generación de energía.

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